En uno de sus cuentos cortos, Ernest Hemingway presenta a un padre que anhela reunirse con su hijo distanciado. Pone un anuncio en un periódico local: «Paco, reúnete conmigo en el Hotel Montana el martes al mediodía. Todo está perdonado». Cuando el padre llega, se encuentra con 800 Pacos que respondieron a su anuncio, anhelando ser perdonados por sus padres.
Es una historia conmovedora que habla de nuestro deseo profundo de perdón, y me recuerda una historia que contó Jesús. En ella, un joven deja a su padre para buscar una «vida desenfrenada», pero pronto se encuentra en apuros (Lucas 15:13-14). Cuando recobra el juicio y vuelve a casa (v. 17), su padre lo abraza antes de que haya tenido siquiera la oportunidad de disculparse (v. 20). «Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida», grita el padre con alegría; «estaba perdido y ha sido hallado» (v. 24). El padre representa a Dios, el hijo nos representa a nosotros, y podemos vislumbrar la alegría del cielo cuando volvemos al Padre celestial.
El perdón quita un peso de encima al alma culpable. Pero como un regalo, lo que se nos ofrece debe ser recibido. Hemingway nunca nos dice si el padre de la historia encuentra a su Paco. ¿El Padre de la historia de Jesús verá volver a sus hijos? Sus brazos están extendidos, esperando nuestra respuesta.
De: Sheridan Voysey