Julia gimió al ver la publicación de Susi en las redes. La foto mostraba a diez amigos de la iglesia, sonriendo alrededor de una mesa en un restaurante. Por segunda vez en el mes, se estaban divirtiendo… sin ella. Se secó las lágrimas. ¡Qué extraño asistir a la iglesia con personas que no la incluían!

¡Qué diferente al primer siglo! Pero Jesús desea la unidad y vino a sanar nuestras divisiones. Desde el comienzo de la iglesia, los que no se llevaban bien tenían que encontrar coincidencias en Él. Los judíos despreciaban a los gentiles porque no cumplían la ley, y los gentiles detestaban a los judíos porque se creían mejores.

Entonces, Jesús «de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades» (Efesios 2:14-15). Cumplir la ley ya no importaba, sino Jesús. ¿Se unirían en Él judíos y gentiles?

Dependía de cómo respondieran. Jesús «anunció las buenas nuevas de paz a [los gentiles] que estabais lejos, y a los [judíos] que estaban cerca» (v. 17). El mismo mensaje; diferente aplicación. Ambos necesitaban enfocarse en Cristo, quien estaba creando «en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz» (v. 15).

¿Te sientes excluido? Duele. Pero puedes ser un pacificador al descansar en Jesús. Él es nuestra paz.

De: Mike Wittmer