Los ojos de Julia miraban fijo el auto junto a ella. Tenía que cambiar de carril para salir de la autopista, pero cada vez que trataba de hacerlo, el otro conductor parecía acelerar. Por fin, pudo cruzar adelante. Engreída por haber triunfado, miró con una sonrisita por el espejo retrovisor. En ese momento, se dio cuenta de que había pasado de largo la salida. Arrepentida, contó: «Estaba tan enfocada en vencerlo que me pasé la salida».
Un error similar también puede ocurrir en nuestro deseo de andar en los caminos de Dios. Cuando los líderes religiosos persiguieron a Jesús por no obedecer la ley judía (Juan 5:16), les advirtió que se habían enfocado tanto en estudiar la ley y obligar a que se cumpliera que se estaban perdiendo a la Persona a la que la ley apuntaba: «las Escrituras […] son las que dan testimonio de mí;y no queréis venir a mí para que tengáis vida» (vv. 39-40).
En nuestro celo por Dios, tal vez queramos enfocarnos en la asistencia a la iglesia, el estudio bíblico, las obras de caridad o conseguir que otros se unan a nosotros, pero nos perdemos a la Persona por la cual lo hacemos todo: Jesús.
En todo lo que hagamos, pidámosle a Dios que nos ayude a fijar nuestros ojos en Cristo (Hebreos 12:2). Solo Él es «el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6).
De: Jasmine Goh