Siempre que surgen desafíos, hay dos maneras de reaccionar: a la manera de Dios o a la nuestra. Moisés es ejemplo de un hombre que experimentó ambas opciones. En el pasaje de hoy, lo vemos tomando el asunto en sus propias manos. Aunque sus motivos eran puros, su método fue incorrecto. Moisés cometió tres errores.
1. Se enfocó en la dificultad. ¿Cuántas veces hemos hecho lo mismo? La injusticia o el dolor de una situación capta nuestra atención, y en nuestro deseo de una solución, actuamos sin buscar primero al Señor.
2. Confió en su propia fuerza y entendimiento. Cuando surge un problema, la respuesta más natural es hacer lo que podamos para solucionarlo. Sin embargo, Dios quiere que confiemos en Él, no en nosotros mismos (Pr 3.5, 6).
3. Actuó impulsivamente. Si una situación parece urgente, solucionar el problema lo más rápido posible se convierte en nuestra prioridad, y olvidamos esperar en el Señor.
Todos hemos hecho lo mismo que Moisés en algún momento y sufrido las consecuencias. Pero fíjese que Dios no lo rechazó ni anuló el plan para su vida. En lugar de eso, refinó su carácter y le dio otra oportunidad; y Él hará lo mismo por nosotros.
BIBLIA EN UN AÑO: LEVÍTICO 14-16